
Desperté y me sentí perdida, no me encontraba por ningún lado, me sentía extraviada dentro de un cuarto con tintes rosados y encarcelada tras un muro de peluches que no me permitían ver con claridad; de a poco me abrí paso entre perritos con mirada tierna, conejos esponjosos, ositos cariñositos, vaquitas apachurrables y otros tantos personajes abrazables pero que en aquel momento no me causaban otra sensación más que de arrojarlos. Abrí la ventana pidiendo entre aliento y aliento que de alguna manera ese sol que tantas veces me acaloró y otras tantas me causó alucinaciones, hoy se dedicara con su ultra radiación a encontrarme.
Esta vez no sentí el viento en mi rostro, quería pedirle encontrara mi aroma y lo llevara hasta mi para seguir el rastro, pero llegó el ocaso y la espera fue en vano.
Corrí la puerta del closet, saqué todas las cajas de zapatos, busqué en los bolsillos de faldas y pantalones, sacudí los vestidos e inclusive uniformes; hice inspección una y otra vez, una que otra moneda salió e inclusive un collarcillo al que no lograba ubicar; yo, decepcionada, no me hallaba por ningún lado.
Desesperada saqué un álbum de fotos, pude ver gran infinidad de personas, situaciones, eventos, fiestas, paisajes, muecas, risas, tristezas...y solo algo en común, una bebé que pasó a ser niña y terminaba en adolescente; lamentablemente, aún no me veía por ningún lado.
Observé un cofrecito con un singular candado, lo sostuve entre mis manos, pensaba la manera de abrirlo y entre mil ideas para poder mirar en su interior, empecé a juguetear con aquél collar que me puse al cuello sin darme cuenta de que allí yacía la llave a mi dilema.
Cuando al final logré darle apertura sin altas expectativas de lo que ahí podía haber, di con varias cartas, cada una de ellas con diferentes dobleces que iban desde corazones hasta singulares “sin forma”, sin embargo todas tenían la misma fragancia y hablaban el mismo idioma.
Desdoblé una de ellas, la que más me llamó la atención, tras las primeras letras mi memoria poco a poco volvió, uno a uno retornaron todos esos sentimientos que reposaban en el recuerdo de mi ser, que eran parte de mi historia.
Terminé la carta y al tiempo que llegué a la firma supe donde estaba, me encontré en el mismo lugar donde me perdí: estaba en ti, no recordaba que te entregué mi alma y mi cariño, sin darme cuenta ya no era mi dueña, me había otorgado.
Estoy extraviada entre tus brazos, me hallo entre tus besos y tus palabras, reposo en tu cuerpo y tú en mi calma. No quiero ser encontrada, sigamos perdidos el uno en el otro para que todo sea improvisado, sigamos perdidos el uno en el otro para que no nos cansemos de buscarnos.
1 comentario:
Transpira entre tus lineas un roce de amor y nostalgia, quien ha sido quien tan profunda sensacion despierta en ti.
De no hallarse nadie me permitiria decir que me gustaria ser aquel que te buscara cada dia para encontrarte con mas fuerza.
Con sutileza, algo muy bello.
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