
Hermosa la tarde que bajaba hoy, de a poco dejaba de recibir los rayos del sol en el tiempo que visualizaba a mi querida en el cielo. Me preguntaba en qué dirección llegaría esta ocasión y lo más importante, si estaría dispuesta a acompañarme a una larga caminata.
Dudando de su aparición, tomé mi chaqueta y salí de mi casa tan pronto escuché el timbre, sabía que era ella.
Comenzamos a andar, dos pasos a la izquierda y unos más a la derecha (y no siempre para adelante), a medida que avanzábamos abríamos una nueva senda y rebujábamos las veredas, no temía a nada, su compañía y luz nunca me abandonaron.
Platicamos de su vida y de la mía; quedé boquiabierta con todas aquellas aventuras que vio y de las que además fue partícipe, los escenarios por los que navegó, la gente que conoció, y sobre todo, lograr ser amiga del mundo y del Universo mismo.
No lo pude evitar, me desahogué con ella, le conté sobre mis amigas, las que realmente lo habían sido y otras que simplemente pasaron de largo dejando destrucción como recuerdo; las peleas y discusiones familiares, hicimos memoria juntas de las veces que había sido mensajera de los amores viajantes y los que perduraron; inclusive
descargué mi ira al traer los encuentros conmigo, mis dudas sobre quién era y lo que hacía.
Su sabiduría extendía los mares, tal cual se adentraba en la noche lo hacía en mi pensamiento; había sido consejera incontables veces, pero sabía que cada viento soplaba distinto; viajante del tiempo y resano de corazones, musa de bellísimas creaciones, pañuelo de lágrimas cristalinas, contempladora de sueños…un secreto a voces.
Me recosté sobre ti, me elevaste a lo alto mostrándome trazos que parecían invisibles, me concediste las más dulces palabras, te guindaste de mi ventana y juraste ser un espejo que me recordaría jugar con la vida para cumplir mis promesas.
Te abracé con fuerza sin ánimo de despedirte, por un instante no me importó ser egoísta, alguien te había obsequiado a mí aunque yo ya fuera poseedora tuya, fuiste anhelada como nunca. Ambas nos hicimos una, aunque te cobijaras entre nubes y yo entre máscaras, terminábamos en largas marchas al correr de la madrugada, tal como ahora, redactando una página.
Eres mi aliada en las estrellas alcanzadas, las risas traídas y los suspiros enviados; el cofre donde guardo cada leyenda, cada pergamino y cada dilema. Regreso a mi cama, te visto de luceros, apoyada en la almohada te acaricio por dentro.
Gracias mi amiga, mi confidente, mi luna…nos veremos mañana para otra caminata.
Dudando de su aparición, tomé mi chaqueta y salí de mi casa tan pronto escuché el timbre, sabía que era ella.
Comenzamos a andar, dos pasos a la izquierda y unos más a la derecha (y no siempre para adelante), a medida que avanzábamos abríamos una nueva senda y rebujábamos las veredas, no temía a nada, su compañía y luz nunca me abandonaron.
Platicamos de su vida y de la mía; quedé boquiabierta con todas aquellas aventuras que vio y de las que además fue partícipe, los escenarios por los que navegó, la gente que conoció, y sobre todo, lograr ser amiga del mundo y del Universo mismo.
No lo pude evitar, me desahogué con ella, le conté sobre mis amigas, las que realmente lo habían sido y otras que simplemente pasaron de largo dejando destrucción como recuerdo; las peleas y discusiones familiares, hicimos memoria juntas de las veces que había sido mensajera de los amores viajantes y los que perduraron; inclusive
descargué mi ira al traer los encuentros conmigo, mis dudas sobre quién era y lo que hacía.Su sabiduría extendía los mares, tal cual se adentraba en la noche lo hacía en mi pensamiento; había sido consejera incontables veces, pero sabía que cada viento soplaba distinto; viajante del tiempo y resano de corazones, musa de bellísimas creaciones, pañuelo de lágrimas cristalinas, contempladora de sueños…un secreto a voces.
Me recosté sobre ti, me elevaste a lo alto mostrándome trazos que parecían invisibles, me concediste las más dulces palabras, te guindaste de mi ventana y juraste ser un espejo que me recordaría jugar con la vida para cumplir mis promesas.
Te abracé con fuerza sin ánimo de despedirte, por un instante no me importó ser egoísta, alguien te había obsequiado a mí aunque yo ya fuera poseedora tuya, fuiste anhelada como nunca. Ambas nos hicimos una, aunque te cobijaras entre nubes y yo entre máscaras, terminábamos en largas marchas al correr de la madrugada, tal como ahora, redactando una página.
Eres mi aliada en las estrellas alcanzadas, las risas traídas y los suspiros enviados; el cofre donde guardo cada leyenda, cada pergamino y cada dilema. Regreso a mi cama, te visto de luceros, apoyada en la almohada te acaricio por dentro.Gracias mi amiga, mi confidente, mi luna…nos veremos mañana para otra caminata.
3 comentarios:
Y si la luna no caminara mas contigo...aceptarias una charla conmigo, tal vez no posea la misma luz, pero te abrazaria con el corazon.
hola chica lenda!!, al fin pude entrar a tu blog y esta chido!!
yo creo que lo que escribes es tan padre que podrias facil crear un libro... yo lo compraria XD, o no se, cualquier cosa donde te expreses tal cual eres,
la luna... la fiel compañera, siempre sabes que regresa, siempre da una misma cara, a veces se cubre, no se si por vergüenza o solo le gusta jugar, jugar no se si con los amantes nocturnos o con los animales del mar
Creo que si nos ponemos a pensar y más aún a preguntar, encontraríamos a muchos admiradores de la luna...pero tal vez pocos amantes.
No creo que siempre nos de la misma cara, pienso que pocas veces sabemos interpretar todas sus fases.
Ahhh...siempre arrebata suspiros, indudablemente.
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