
Caminar ente los deseos de alguien más me resulta cansado, y es que saberte ajena a los pasos que alguna vez marcaron huella en el viejo sendero marca las flechas que de forma casi inconsciente seguirás con los ojos abiertos, mismas que se ocultan tras sonrisas de destellos prometedores, que sin embargo no iluminan tu horizonte.
La templanza de una voz suave, segura, sincera de palabra y fuerte de corazón siempre calienta aquella esperanza que se aloja en lo más recóndito de nuestros sueños libres de almohada, escondidos en la punta de nuestros labios, resguardados de las miradas que quebrantan anhelos y los reemplazan con visiones vestidas con uniformes.
Marchar una y otra vez bajo el ritmo marcado de la monotonía, correr de día para no ser incluido por la noche en la sombra de la multitud; querer sentir tu pensamiento sin sogas y rodear unos puños que estrujan de tal forma las estrellas que rompen con ellas y se bañan con su polvo, ese, es ahora, el suspiro que se alberga en la ventana cuando culmina el sol.
Ahora, justo ahora, me siento sigilosa, muda por tantas letras, ligera y quemante, entregándome completa y sincera a la mujer del espejo...mañana sus sentidos serán libres.