Amanecer con esta sensación me hace querer seguir dormida. Todo mi cuerpo se siente apagado y necesita apagar la luz, el silencio, los movimientos; veo que los labios se mueven, me pierdo en su gesticulación, no escucho que dicen,me parece oír murmullos, tal vez sólo son inhalaciones.
A donde se fue mi noche, pareciera que rayos incandescente succionaron la apacible luz, se llevaron los tonos azulados entremezclados con negro que me tranquilizaban, que servían de marco a aquella perla que se colocaba al centro de las estrellas, que se reflejaba en mis pupilas, que me perdía en su redondez.
Mi olfato extraña el rastro de humedad en el aire, de la lluvia que pudo ser pero que nunca calló. La falta tan exquisita de colores a la que se habían acostumbrado mi mirar ahora se ve remolcada por una ola de azul cielo, amarillo sol y blanco nube. Los rostros vuelven a salir al descubierto y me veo en la necesidad de cerrar los ojos para verlo en realidad, tantos adornos y ropa hacen invisible su ser y me distraen de su voz.
Salgo, camino y no puedo avanzar. No puedo parar de imaginar, de seguir en mi mundo, ensimismado en melodías que me recuerdan canciones que traen vivencias y otras tantas deseos.
La calle está llena de gente amontonada entre sus sombras, calor infinito y sueños en la cabeza. Es normal para ellos y cotidiano para mi, probablemente es más fácil llamar locura a lo que no queremos entender o aquello que va contra lo establecido y nos da miedo encontrarlo como cierto. Quizá sea mejor sólo seguir.
Hago, quito, pongo, escribo...pero no pienso en ello. Me paro, me siento, corro, voy, vengo...y ni siquiera se para que.
Conforme pasan las horas recobro la noción del tiempo, voy al fin despertando con los primeros destellos de la Luna, tiempo para la razón, para las palabras y el descubrimiento, todo luce natural, tal cual es, sin adornos y distractores; ya no hay silencios, vuelven los aromas...yo existo...tu existes conmigo...