Una tarde de verano tranquila, dueña de un cielo nublado y a la vez iluminado por unos rayos de sol que se escapaban a las nubes, propicia para dejar volar un rato el pensamiento y dar rienda suelta a la imaginación, simplemente sujetarse de un pensamiento para soltarse después en otro. Hoy fue una de esos días.
Mi mirada subía y pasaba con el movimiento de las hojas de los árboles, cómo es que podían danzar y brincar haciéndolo de forma tan sutil pero forzosa, o es que su voz seducía al viento para que les impulsara con esa fuerza que está ausente en ellas. Me pregunto si son libres de verdad, si los soplos del cielo no tuviesen dirección ellas tampoco la tendrían.
Después pensé que no todo tiene que girar armoniosamente para ser bello, el contemplar todo en su simpleza, tan auténtico como ha sido siempre hace que respire profundo y me coloque fuera de mi mente, sólo estar allá afuera en los crucigramas de las nubes y tan serena como una hoja en el canto de la lluvia...
No hay comentarios:
Publicar un comentario