Las hojas del calendario van cayendo, paseándose entre las corrientes del viento, llegando al piso en tan sólo un instante, llevándose con ellas un día o una semana, tal vez un mes. He perdido la noción del tiempo, a cada parpadeo resulta que el mundo giró un poco más, quizá deje mi memoria en el último giro, con el último mareo.
Choca la tarde con la noche, la luz va y viene, otra luna y otras estrellas, diferentes de las de ayer y aún no sé si de las de mañana, no sé si estaré. Es curioso como se sueñan paisajes sin notar que mientras los imaginamos ellos desfilan ante nosotros, mientras veo todo con cámara lenta el reloj ya se adelantó una emoción o un sentimiento.
Quise contar los recuerdos en años pero cada que creía terminar tenía uno nuevo, quizá si le pusiera una risa a algún febrero, una lágrima a un noviembre y un deseo a aquel diciembre, lograría hacer más espacio en el álbum, quizá "la" persona sería una mejor caja de recuerdos...
Empezaré a contar las alegrías con el brillo de la mirada, las ocurrencias y diversiones con sus pecas y lunares, los besos en las gritas de sus labios, los abrazos en las marcas de su piel, los consejos corresponden al ciclo de su pelo, las lágrimas las colocaré en la planta de sus pies para que sean pocas las veces en recordarlas; en su olfato las ilusiones para que las respire a diario y en sus manos...en sus manos las mías para seguir caminando.
No habría mejor método para no olvida que dejarlo todo ahí, así cuando sienta nostalgia no mojaré el papel sino tus ropas, tendré el pretexto ideal para buscarte y por ende no habrá un "tal vez" en el encuentro, nos empolvaremos con la distancia y esa será la marca que nos dirá que una caminata por el atardecer nos hace falta.
Son las 9:15, me has desempolvado y necesito una taza de café.
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