miércoles, 17 de junio de 2009

Inicio de un verano, comienzo de un cuento.


Llegó el último día de clases, había concluido ya el primer ciclo escolar del bachillerato. Sin tener conocimiento el uno del otro, cada uno en su pequeño universo; se despedían de sus amigos prometiendo que no dejarían de llamarse o platicar, planeando mil salidas y aventuras para aquellas vacaciones; todo tras los clásicos momentos de nostalgia y juramentos de amistad eterna, (aunque algunos solo quedan marcados en la hora del reloj donde se declararon).

Abandonaron las cercanías de la escuela para dirigirse cada uno a sus casas. Ella por un lado se hizo acompañar de sus amigas, mientras que él subía al auto de sus padres tras la típica discusión con su hermano menor. Ninguno de los dos imaginaba que a partir de ese momento una historia estaba por empezar, y de la cual ambos serían protagonistas.


Karina caminaba por la calle con rumbo a la peletería, pasaban algunos minutos de las tres de la tarde después de haberse despedido de las amigas del colegio. El calor de esa tarde era sofocante y

sentía la necesidad decomer algo, algo que enfriara su garganta y diera a su cuerpo una sensación de frescura sabor chocolate Con una trayectoria aparentemente fija, dando paso tras paso por inercia, sin darse cuenta, iba dejando uno a uno los recuerdos de un año escolar estereotipado; su mente divagaba al ritmo que el semáforo cambiaba, buscaba cubrir el sol con todos esos planes para esos dos largos meses de tiempo libre en puerta.


Por su parte Miguel transitaba por la acera, tratando de olvidar aquella discusión absurda de hace unos instantes con sus padres, y la cual terminó por hacerlo abandonar el vehículo rojo.

Queriendo enfriar sus pensamientos pudo ver a lo lejos uno de esos tradicionales establecimientos donde a cambio de $7.00 podías adquirir esos ricos sabores congelados, así sin darse cuenta ambos pies se hallaban frente al congelador.


Por su lengua pasaba degustar una paleta de vainilla cuando escuchó como aquella joven de castaños caballos y mirada risueña pedía le dieran una paleta de chocolate cubierta de chocolate y, ¿Por qué no?, una doble cobertura de chococrispis mezclada con lunetas; no había duda de que a aquella señorita le fascinaba aquel sabor. Aquella impactante imagen le había subido aún más el calor, a tal grado que las palabras se habían evaporado de su boca. Era urgente reaccionar puesto que sus sueños estaban por pagar la cuenta.



Algo ocurrió que Karina dirigió la mirada hacia donde estaba él; y sin siquiera saber el cómo, el por qué o el cuándo, ambos se encontraban en una plática más que profunda, y no tanto por el tema, sino porque se encontraban perdidos uno en la mirada del otro, pero no hizo falta más; tras dos helados de vainilla y uno extra chocolatoso, Miguel se dio cuenta de tener su destino enfrente y junto con él, la duda profanando su mente: ¿Querría aquella estrella recorrer las noches en su compañía?....Pasarán unas horas o unos días para quitar la tapa de esta intriga.






3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bella historia!
la trama en que se desarrolla
me recuerda a alguien
espero continues con ella
quiero saber el final

Muy buena

Anónimo dijo...

Que romantico!!!
me gustaria vivir una historia asi.

Aunque espero no me dejes mucho esperando para saber que pasa.

Sigue escribiendo.

Mariana

Anónimo dijo...

La pasion trae la inspiracion
el corazon se pone en cada redaccion
una historia se inventa,
la vida se reinventa...