Tiempo que corre, que te empuja y que te estruja sobre una línea que se quiebra más y más hacia un infinito que se desborda en unos ojos profundizados por esas lágrimas que se sostienen de los sueños que aún vibran con las últimas fuerzas que le quedan, aquellas que renacen algunas veces con una llama tan intensa que quema cualquier titubeo.
Vida que reclaman pensamientos moribundos por la inercia de los días y el requisito de grandeza exigido antes de cruzar por la garganta; acompañantes de sentimientos taladrantes, absurdos, abrumadores...pero dentro de todo exquisitos.
Decisiones que precisas tomar y que ahuyentas de ti, las tiras y las recoges, la firmeza y seguridad de aquello que crees resuelto se reparte en un "yo-yo" que sube las confusiones sobre quién eres y baja tu razón al borde de lo que vives en el momento.
Quieres, no quieres...¿qué es lo que quieres?
Avanzas, retrocedes...¿cuánto debes esperar para actuar?
Piensas, sientes...¿luchas contra corriente?
Planeas, improvisas...¿sabes leer los labios de las señales?
Estoy segura, lo sé, la duda no está en mi...está en la ocasión que se empaña con la situación, que cubre las palabras hoy y las soltará cuando la respiración se vuelva a sincronizar.
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