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jueves, 5 de noviembre de 2009

Dejarse ser.


Caminábamos entre las hojas que flotaban en el agua, nos sentíamos libres en aquella floresta roja, corríamos tras de las luces que lanzaba el sol, guardábamos los firmamentos que se caían del cielo, nadábamos en los manantiales de tiernas dudas, sentíamos la necesidad de percibir el aroma del renacer, pensábamos con las manos llenas de lágrimas, vivíamos diseñando el paisaje perfecto, reflejándonos en cada historia romántica leída, dejamos de llamarnos para simplemente ser:
ser víctimas de una eterna locura que quite las cadenas de mi piel,
que desate mi pensamiento de lo razonable,
impregnar lo intangible en oleadas de lociones incitantes,
llegar a mí sin necesidad de ti...
sólo así se hará puro mi sentir!


sábado, 12 de septiembre de 2009

Crónicas de un secuestro abstracto.


A la salida de la luna comienza este cambio, me siento sumamente ansiosa, paseo mis manos por entre las cortinas, no paro de mirar el cielo, respiro cada vez más hondo y más rápidamente, necesito relajarme, alejar mi mundo por un pensamiento, he perdido la certeza, ahora no sé quién es prisionero de quien, planeo secuestrarte por las noches, llegar a tu ventana en los sonidos de la oscuridad, mientras viajo en la almohada mirarte dormir, y arrebatadamente despertarte con un beso sabor estrellas...recostada miro el reloj: sólo pasó una hora.


lunes, 17 de agosto de 2009

Cósmico.



"A veces me sumerjo en el café. Me envuelven las cuerdas, los trastes, el vacío, el sonido y las letras entrelazadas en perfecta armonía sinfónica. La mayoría de las veces me entretengo adivinando las ondas del líquido encantado. Limbo Suspensivo Cósmico encarna los destellos de mi esencia."

miércoles, 8 de julio de 2009

Rompecabezas.



Mira ahí están mis pies, los había dejado en la carrera a mis sueños.

Más abajo puedo ver mis piernas, se quedaron en el salto a la luna.

Sigue bailando mi cadera, no ha parado desde aquél vals con el destino.

Sube a mí a mi abdomen, marcado al ejercicio de la vida.

Escala por mi espalda, escrita está la constelación.

Cuidado al andar por mi ombligo, caerías en un pozo.

Aro adentro mi cintura, recordando los juegos de la infancia.

A un lado mi pecho respirando al ritmo de la música.

Al dar ese abrazo donde se acabó el universo, pausados cuelgan mis brazos rodeando su cintura.

Arrinconadas por poemas y caricias quedaron mis manos, exhaustas a la suavidad del tacto.

El odio escarbado por unas uñas sedientas de venganza.

Escondido entre los collares de canciones, allí mi cuello quedo prendido.

Atorada en las cuerdas de la guitarra quedó mi voz, tratando de alcanzar el tono del alba.

Los labios redibujados a la sombra de la playa donde fue el primer beso.
En el perfume de mi rosa roja mi nariz reposa.

Busca en la ventana, seguro mis ojos esperando los luceros que alguna mirada reflejarán.

Una serenata sonora de secretos callados, mis oídos tratando de descifrarlo.

Cabello rizado que anda entre dibujos que he olvidado.

Soy un rompecabezas, me he desarmado y armado tantas veces que inclusive no recuerdo todas los sitios donde me he dejado. Otras tantas he dejado que la vida ponga las piezas, y solo las vaya acomodando como mejor le convenga, pidiéndome uno que otro consejo para una mejor obra.

Esta vez solo están los pedazos por aquí y por allá, no sé por dónde empezar y menos por donde terminar, dejaré que andes y juegues con ellas; no me importaría mucho, ya lo han hecho muchas personas (voluntaria o involuntariamente), y aunque han causado algunos destrozos nunca he perdido mi esencia, espero no sea la excepción esta vez.

Como sea, esta vez hubo una parte importante que guardé y con la cual podría rediseñar todo lo que soy y seré, lo que guarda mi “yo”, apartándolo de un mundo masivo que nos atrapa entre sus muros para convertirnos en calcomanías estereotipadas, sin ella pasaría a ser obvia referencia de la nada, fantasma que vaga sin creación alguna; hoy tuve más cuidado y la aparté para que estuviese a salvo de algunas cosas (tiene que aprender), ese motor a base de latidos hace que cada día me impulse a mi delirio.

miércoles, 24 de junio de 2009

Siguiendo la historia...

Allí estaba él, había sido envenenado por sus palabras con toque aromático, no hacía más que contemplarla mientras se ahogaba en sus dudas; pedía ayuda a un Dios en el que nunca creyó y con el cual nunca platicó, pero eso no importaba ahora, necesitaba una dosis muy fuerte de valor, tenía que provenir de fuerzas omnipotentes para superar aquel miedo que lo ataba a la silla, que le amordazaba el corazón.

No supo el origen, sin embargo llegó, el valor recorrió su cuerpo empujando sus sentimientos a la salida, concretándolos en una sola expresión: “Te quiero y muero por ti mi amor”. Por unos minutos la incertidumbre hizo callar el tráfico y los gritos de la ciudad, todo se congeló esperando la reacción que haría girar su mundo en una nueva dirección.

La sangre hirviendo corría por sus venas, los latidos provenían de una válvula a presión y aquella frescura recobrada un dulce sabor, ahora de nada servía, la garganta estaba transformada en una total sequía; era como si aquella declaración tan inesperada sin saberlo fuera ansiada.

Miguel continuaba esperando una respuesta o
alguna señal que le devolviera la vida, aquella que a la luz roja del semáforo quedo pausada. A la par que parpadeó el verde, la chica emprendió la huida cual si fuera estrella fugaz a penas detectada tras un parpadeo del joven, que se hallaba a penas consciente por las lágrimas heladas que emanaban de unos ojos sin mirada.


Llegó la noche, vestida de calidez y disfrazando con su llovizna el llanto incontenible de ambos jóvenes. Él, solitario en la ventana sin poder entender el por qué de aquella broma tan cruel del destino y más aún ese impulso incontenible para la declaración realizada. Ella por su cuenta, sintiéndose perdida en su interior, comprendía todo lo que había pasado, estaba predestinado que se repitiera la historia, no quería sufrir una vez más, no sabía si podría soportarlo. Todo aquello ya lo había vivido.


Invadidos por un extraño cansancio, no era un cansancio físico, era un desvanecimiento de su ser, cansado de lidiar ya contra tantas adversidades en cuantiosas vidas, era ya imposible. Entraron en un profundo sueño; dulce, tierno, embustero. Se encontraron de nuevo al correr del alba, abrigándoles el sol y la luna el alma, y cual si hubieran tenido una eterna charla, su existencia quedó aclarada.


Ambos cuerpos se fundieron en uno mismo, tras caricias se solidificaron, con besos se sellaron y así a la eternidad pasaron; dos mundos encontrados al correr del tiempo, robándole al Universo una noche en el silencio, dejando el reloj con las manecillas atascadas entre ilusión y magnificencia, y en el medio un final y un principio.


miércoles, 17 de junio de 2009

Inicio de un verano, comienzo de un cuento.


Llegó el último día de clases, había concluido ya el primer ciclo escolar del bachillerato. Sin tener conocimiento el uno del otro, cada uno en su pequeño universo; se despedían de sus amigos prometiendo que no dejarían de llamarse o platicar, planeando mil salidas y aventuras para aquellas vacaciones; todo tras los clásicos momentos de nostalgia y juramentos de amistad eterna, (aunque algunos solo quedan marcados en la hora del reloj donde se declararon).

Abandonaron las cercanías de la escuela para dirigirse cada uno a sus casas. Ella por un lado se hizo acompañar de sus amigas, mientras que él subía al auto de sus padres tras la típica discusión con su hermano menor. Ninguno de los dos imaginaba que a partir de ese momento una historia estaba por empezar, y de la cual ambos serían protagonistas.


Karina caminaba por la calle con rumbo a la peletería, pasaban algunos minutos de las tres de la tarde después de haberse despedido de las amigas del colegio. El calor de esa tarde era sofocante y

sentía la necesidad decomer algo, algo que enfriara su garganta y diera a su cuerpo una sensación de frescura sabor chocolate Con una trayectoria aparentemente fija, dando paso tras paso por inercia, sin darse cuenta, iba dejando uno a uno los recuerdos de un año escolar estereotipado; su mente divagaba al ritmo que el semáforo cambiaba, buscaba cubrir el sol con todos esos planes para esos dos largos meses de tiempo libre en puerta.


Por su parte Miguel transitaba por la acera, tratando de olvidar aquella discusión absurda de hace unos instantes con sus padres, y la cual terminó por hacerlo abandonar el vehículo rojo.

Queriendo enfriar sus pensamientos pudo ver a lo lejos uno de esos tradicionales establecimientos donde a cambio de $7.00 podías adquirir esos ricos sabores congelados, así sin darse cuenta ambos pies se hallaban frente al congelador.


Por su lengua pasaba degustar una paleta de vainilla cuando escuchó como aquella joven de castaños caballos y mirada risueña pedía le dieran una paleta de chocolate cubierta de chocolate y, ¿Por qué no?, una doble cobertura de chococrispis mezclada con lunetas; no había duda de que a aquella señorita le fascinaba aquel sabor. Aquella impactante imagen le había subido aún más el calor, a tal grado que las palabras se habían evaporado de su boca. Era urgente reaccionar puesto que sus sueños estaban por pagar la cuenta.



Algo ocurrió que Karina dirigió la mirada hacia donde estaba él; y sin siquiera saber el cómo, el por qué o el cuándo, ambos se encontraban en una plática más que profunda, y no tanto por el tema, sino porque se encontraban perdidos uno en la mirada del otro, pero no hizo falta más; tras dos helados de vainilla y uno extra chocolatoso, Miguel se dio cuenta de tener su destino enfrente y junto con él, la duda profanando su mente: ¿Querría aquella estrella recorrer las noches en su compañía?....Pasarán unas horas o unos días para quitar la tapa de esta intriga.