jueves, 9 de julio de 2009

Fumar, bailar, tomar...


Llegadas las vacaciones y nada que hacer, un mundo que transita al paso de una globalización cada vez mas lineal, todos preocupados más que ocupados por una crisis que afecta a todos, menos a nuestros tan afamados dirigentes, que a tres días de unas clásicas elecciones, están mas que felices por un triunfo que no marca un país acostumbrado a la sombras de una aparente seguridad...decepcionante.

Sin nada que hacer transito por la calle en busca de algo interesante, que me anime y que me divierta, que me dé un impulso de vida ante una monotonía que carcome los días y nos atrapa en un sedentarismo casi perfecto.

Nada, son las seis de la tarde y no he hallado nada que me llame la atención, llamaré a mis amigos, con ellos siempre la paso bien, seguro lograrán acabar con mis bostezos e incluso, si se lo proponen me animen a realizar lo que nunca me he atrevido.

Por fin llegaron, estaba a punto de ahogarme en mi aburrimiento. Me han invitado a una fiesta, es muy tarde y seguro no me darán permiso, qué más da, son vacaciones y hay que romper las reglas.

Estoy divirtiéndome mucho, el ambiente esta fenomenal, pero...por alguna razón estoy intranquila, un presentimiento no me deja de perseguir, lo mejor será que regrese a mi casa, no quiero problemas con mis padres.

Camino hacia la salida con mis amigas, levanto la mirada y mis ojos se encuentran con aquel amor platónico de la secundaria, está más guapo que nunca, no puedo quedarme a platicar, debo irme. Me detiene en la puerta, empezamos a recordar viejos tiempos y terminamos besándonos en medio del patio.
Regreso a tomar algo, saca algo de su bolsillo y me invita, lo pienso mucho, no acepto, me invita a bailar no sin antes beber algo de su vaso.

Después solo recuerdo que baile como loca, quise vivir en unos minutos todo lo que no viví antes, quise devorarme el tiempo, todo sabía amargo y aún así seguía moviéndome como loca, ya no recuerdo ni siquiera a quién abrazaba.
Bebida, sí, ¡más bebida!, nunca la había probado, siento un mareo muy fuerte, me sentaré un rato. Al llegar el humo del cigarro invade mis sentidos, lo inhalo con fuerza ¿por qué lo hago?.

Regreso a la pista, ahora no sé quién está delante de mí, no reconozco el rostro del que me toma por la cintura, ya no siento nada…todo se nubla, mi cabeza va a estallar, solo oigo voces diciendo: “no debiste darle esa maldita cosa, ella jamás había consumido, está muy mal”.

Se desvanece de a poco, no tengo fuerza, asco en mi boca, no puedo recordar nada de mi vida, ahora ya no tiene caso, me siento libre, todo queda en blanco después de un insoportable dolor, a lo lejos la música que tanto ame.

Todo termina; supe al fin lo que es fumar, bailar, tomar.





miércoles, 8 de julio de 2009

Rompecabezas.



Mira ahí están mis pies, los había dejado en la carrera a mis sueños.

Más abajo puedo ver mis piernas, se quedaron en el salto a la luna.

Sigue bailando mi cadera, no ha parado desde aquél vals con el destino.

Sube a mí a mi abdomen, marcado al ejercicio de la vida.

Escala por mi espalda, escrita está la constelación.

Cuidado al andar por mi ombligo, caerías en un pozo.

Aro adentro mi cintura, recordando los juegos de la infancia.

A un lado mi pecho respirando al ritmo de la música.

Al dar ese abrazo donde se acabó el universo, pausados cuelgan mis brazos rodeando su cintura.

Arrinconadas por poemas y caricias quedaron mis manos, exhaustas a la suavidad del tacto.

El odio escarbado por unas uñas sedientas de venganza.

Escondido entre los collares de canciones, allí mi cuello quedo prendido.

Atorada en las cuerdas de la guitarra quedó mi voz, tratando de alcanzar el tono del alba.

Los labios redibujados a la sombra de la playa donde fue el primer beso.
En el perfume de mi rosa roja mi nariz reposa.

Busca en la ventana, seguro mis ojos esperando los luceros que alguna mirada reflejarán.

Una serenata sonora de secretos callados, mis oídos tratando de descifrarlo.

Cabello rizado que anda entre dibujos que he olvidado.

Soy un rompecabezas, me he desarmado y armado tantas veces que inclusive no recuerdo todas los sitios donde me he dejado. Otras tantas he dejado que la vida ponga las piezas, y solo las vaya acomodando como mejor le convenga, pidiéndome uno que otro consejo para una mejor obra.

Esta vez solo están los pedazos por aquí y por allá, no sé por dónde empezar y menos por donde terminar, dejaré que andes y juegues con ellas; no me importaría mucho, ya lo han hecho muchas personas (voluntaria o involuntariamente), y aunque han causado algunos destrozos nunca he perdido mi esencia, espero no sea la excepción esta vez.

Como sea, esta vez hubo una parte importante que guardé y con la cual podría rediseñar todo lo que soy y seré, lo que guarda mi “yo”, apartándolo de un mundo masivo que nos atrapa entre sus muros para convertirnos en calcomanías estereotipadas, sin ella pasaría a ser obvia referencia de la nada, fantasma que vaga sin creación alguna; hoy tuve más cuidado y la aparté para que estuviese a salvo de algunas cosas (tiene que aprender), ese motor a base de latidos hace que cada día me impulse a mi delirio.

martes, 7 de julio de 2009

Desorientada, perdida, encontrada...




Desperté y me sentí perdida, no me encontraba por ningún lado, me sentía extraviada dentro de un cuarto con tintes rosados y encarcelada tras un muro de peluches que no me permitían ver con claridad; de a poco me abrí paso entre perritos con mirada tierna, conejos esponjosos, ositos cariñositos, vaquitas apachurrables y otros tantos personajes abrazables pero que en aquel momento no me causaban otra sensación más que de arrojarlos. Abrí la ventana pidiendo entre aliento y aliento que de alguna manera ese sol que tantas veces me acaloró y otras tantas me causó alucinaciones, hoy se dedicara con su ultra radiación a encontrarme.

Esta vez no sentí el viento en mi rostro, quería pedirle encontrara mi aroma y lo llevara hasta mi para seguir el rastro, pero llegó el ocaso y la espera fue en vano.


Corrí la puerta del closet, saqué todas las cajas de zapatos, busqué en los bolsillos de faldas y pantalones, sacudí los vestidos e inclusive uniformes; hice inspección una y otra vez, una que otra moneda salió e inclusive un collarcillo al que no lograba ubicar; yo, decepcionada, no me hallaba por ningún lado.

Desesperada saqué un álbum de fotos, pude ver gran infinidad de personas, situaciones, eventos, fiestas, paisajes, muecas, risas, tristezas...y solo algo en común, una bebé que pasó a ser niña y terminaba en adolescente; lamentablemente, aún no me veía por ningún lado.

Observé un cofrecito con un singular candado, lo sostuve entre mis manos, pensaba la manera de abrirlo y entre mil ideas para poder mirar en su interior, empecé a juguetear con aquél collar que me puse al cuello sin darme cuenta de que allí yacía la llave a mi dilema.

Cuando al final logré darle apertura sin altas expectativas de lo que ahí podía haber, di con varias cartas, cada una de ellas con diferentes dobleces que iban desde corazones hasta singulares “sin forma”, sin embargo todas tenían la misma fragancia y hablaban el mismo idioma.


Desdoblé una de ellas, la que más me llamó la atención, tras las primeras letras mi memoria poco a poco volvió, uno a uno retornaron todos esos sentimientos que reposaban en el recuerdo de mi ser, que eran parte de mi historia.

Terminé la carta y al tiempo que llegué a la firma supe donde estaba, me encontré en el mismo lugar donde me perdí: estaba en ti, no recordaba que te entregué mi alma y mi cariño, sin darme cuenta ya no era mi dueña, me había otorgado.


Estoy extraviada entre tus brazos, me hallo entre tus besos y tus palabras, reposo en tu cuerpo y tú en mi calma. No quiero ser encontrada, sigamos perdidos el uno en el otro para que todo sea improvisado, sigamos perdidos el uno en el otro para que no nos cansemos de buscarnos.

viernes, 3 de julio de 2009

Cuentos compartidos

Desde el primer día supe que iba a ser una amistad especial y que en poco tiempo terminaríamos conociendo todas esas cosas que a veces nunca llegas a saber de las personas.

Fue un día con un aire incógnito, todo olía a nuevo, tal cual era, al menos para mí y otros muchos que acababan de entrar a la tan solicitada PEZ, y no estoy haciendo alarde de nada, es solo que era lo único que repetían los profesores, en fin, yo estaba ahí por un descuido que resultó mejor de lo que pensé.

Transcurrieron las primeras clases que correspondían al miércoles, llegó el receso y nada aún, pero al fin llegó Química, y como haciendo una demostración de “las fuerzas de cohesión”, gracias a un trabajo de exposición fue que conocí a mi hermana perdida y una bolita negra muy especial: Elizabeth y María, respectivamente.

Coincidencia o no resultó que compartíamos gustos en común, el primero que nos motivó a conocernos fue el volibol, el cual remató con la entrada al equipo de la escuela.

No recuerdo bien si fue uno o dos días después, lo cierto es que un algo dirigió mi mirada hacia dos niñas que desprendían una sensación de confianza y a la vez de misterio, ellas eran Arisandy y Aline. A partir de ese momento y tras las típicas preguntas que se desprenden de la curiosidad por conocer a las susodichas, surgió una chispa, tal vez es difícil de imaginar cuando empieza un nuevo ciclo y con ello nuevas experiencias.

Juntas hemos hecho tantas y muy divertidas travesuras, tours donde coincidimos en gustos (nothing to say), serenatas improvisadas, locuras instantáneas, bailes y caídas, tareas y trabajos llenos de desvelos, festejos de metas, discusiones y simplezas, rebeldías disfrazadas, amores de ensueño, desde admiradores hasta ser las cautivadas, cumpleaños con gansitos, caminatas donde deshojamos tantas flores de incertidumbre, recesos alargados, salir de la investigación documental para ir a la investigación de campo, pruebas difíciles, pijamadas que dieron apertura a tantos capítulos y cierre a otros tantos, comidas llenas de “moras, pollos y habas”, secretos terminados con consejos, y qué decir del mar de sentimientos desbordados tantas veces. Los abrazos sinceros, las risas ruidosas, los enredos y disparates, los enojos absurdos e inclusive las tristezas que nos delataban en nuestra convivencia.

No cerraré el panorama a decir que las recuerdo por una cosa en especial, prefiero quedarme con una Nanis, una niña enaMORAda, y dos niñas muy masculinas, Lino y Sandro, de las cuales hablaré después.

Todas y cada una las experiencias juntas, han sido piezas de un rompecabezas que espero falte mucho para concluir, al final sabemos que ninguna quiere ser la que ponga la última pieza. Tan solo rediseñaremos el tiempo sin prometer imposibles, filosofaremos de la nada y del todo, simplemente amistad hasta donde la amistad misma lo permita, sabiendo que con un poco de cada una ya hemos escrito una historia, hemos sido soledades y cuentos compartidos.