No lo sé...simplemente pasó ¿culpable tú?...o más bien inocente yo... el momento, el silencio, la tentación; probablemente crearon la trampa, mi memoria es nítida,aún sigo temblorosa, trato de recordar, imposible; mis labios alcanzan a murmurar algo: un nombre..tu nombre.. no dicen más, no quieren más... desde aquél beso mi cuerpo es un capricho, una reacción a tu mirada, un tímido deseo reprimido... un sueño de la noche en que nos encontremos... Donde la culpable de tu inocencia seré yo!
La noche iniciaba un tórrido romance, coqueteaba cínicamente con las nubes, les soplaba un dulce aire embriagante, las llevaba y traía haciendo de su poder alarde.
Sentía la mirada penetrante de silencio, un cobijo fingido que helaba mis manos, una fijación tenebrosa en mis labios, el aliento frío que abrumaba mi cuello.
La música de hechizo profanante resonaba, el palpitar de las notas en mis palabras, una canción que en la garganta estallaba, el secreto que se encerraba entre guitarras.
Todo gira en un ritmo constante, agitando las olas por las que camino, ahogando las lágrimas de un abismo quemante, recordando ahora la sonrisa del destino.
Antipatía de un canto viejo ahora se vuelve en mí deseo, despertar de ojos inertes que me lleva a sentir sin el corazón abierto, nadar por las fuentes de mil pensamientos descubriendo... que la luna hoy no fundirá más templos.
¡Ruido!... Todo explota en un eterno silencio, nunca algo había calcomido de ésta manera, pequeños trozos de una niña quedan por la calle, ahora la lluvia proviene de dos manantiales negros, el desencanto de una noche abrumadora sirve de hogar, suena absurdo ahora pronunciar el credo de unos labios, avanza...ataca con rudeza...acorralador...¡cruel ruido!
Pensamientos que devoran a la niña, cansada de vagar y vagar deja rastro de un secreto, boronillas de un sueño que son sopladas por el viento, se elevan en un un frío cielo de noviembre, llora...diles adiós...ya no las respires más.
Estruendosos son los pasos de un hasta siempre, el vibrar de una voz que tortura dulcemente, lo sé...la carga de tus manos reposa ahora en tus ojos, en la puesta de sol es tu pergamino del ayer.
Las risas forman parte de su vestimenta, cuando se aleja aquella niña se observa una tenue aura, sigilosos pasillos que la pierden entre sus luces, la sigo y no la encuentro, pero me abruma su recuerdo.
A lo lejos el ruido, ese maldito ruido que no te deja, que hace que tu lágrima recorra más rápido tu mejilla, la seco...te abrazo...miro delante mío y tan sólo encuentro mi sombra... la niña se fue, se desvaneció...la poseí.
Lo impreciso de tu pensamiento,la brillantez de tu mirada,de sobremanera no importaba nada,necesitaba hablarte mientras la lluvia escurría,disfrazar mis lágrimas con las gotas dulces,sentirte en mis adentros por un instante,quitar el sello de mis labios,cortar la cuerda que amarraba mis brazos,secar este frío en tu aliento,descansar arrullada en tu pecho,caminar con rumbo desdibujado,desear fundir todo en un beso,me temo son simples deseos,egoísmo que me frustra por momentos,amor encarnado en luceros,volver a la rutina...está vez sin pensamientos.
El deseo se anteponede manera irresistible, convirtiendo en imperdible aquella oportunidad que llega de la amistad,aquella que creías olvidada y al sentirse atrapada se comienza a expandir, llegando así a revivir mil sentimientos divinos; fatales, sucios, cretinos...pero dignos de existir.
Peligroso sentimiento que lleva a lo desconocido, sintiéndose casi perdido por aquello que está mal; sucio, falso, irreal...para los que tienen el antifaz del amor,más el hábil jugador disfruta con mucho agradoel salir de la realidad y vivir la intensidadde aquél momento deseado.
Mas el gusto siempre está en guardar bien el secreto,y aunque marca todo un reto ocultar la falsedad,sentimos gran libertad al tener esa experiencia,dejando atrás la conciencia,más la única verdad es que toda obra tiene un finaly las rasgaduras al telón nunca llegan a sanar...
Qué difícil me fue la tarde de hoy, acompañarte a una fría terminal, todos transitaban indiferente de mi sentir, nadie se daba por enterado de que minutos después desvanecería.
Llegamos al lugar de la partida, me abrazaste fuertemente y me odié, me odié de forma inigualable, me quedé como una roca y ni mis manos te dejé tocar.
Me despegué de tu cuerpo y luego te odié a ti, un sentimiento cruelemnte sobrenatural, no comprendía por qué me obligabas a aquello, a decirle adiós a una ventanilla que ocultaba tu rostro, a apretarme los labios para no gritarte que no te fueras, que mis ojos se bebieran sus lágrimas para no mojar tu mejilla.
Tu no lo viste y jamás te lo diré, partiste dibujando un corazón en el vidrio, con tu aliento sirviendo como papel, bajé la mirada y cerré los ojos, pero no medí el tiempo.
Cuando al fin tragué mi orgullo, sonreí para mis adentros, desesperada corrí para todos lados, tarde demasiado...ya habías marchado.